Querido Amancio:
No creas que ayer me fui a las rebajas a pasearme ¿eh? estaba trabajando.
Sin ir más lejos ya tenemos trabajo debido a mi paseo, perdón, a mi visita a las tiendas.
Vamos a analizar el fenómeno de las rebajas desde un punto de vista objetivo: cuando pensamos en las rebajas pensamos en un grupo de mujeres enloquecidas entrando corriendo en las tiendas derribando percheros y cargando con todo lo que pillan ¿a que si?.
Pero ¿y el otro lado de la historia? ¿y esa mujer que lleva toda la temporada soñando con un abrigo carísimo? esa mujer que ha ido a visitarlo desde que lo sacaron eL 1 de agosto, día tras día, como si de un familiar enfermo se tratase,que hasta lo peina con la mano y lo coloca en la parte trasera del perchero para que nadie lo vea, que ha ido viendo como las tallas que tenían en tienda se iban agotando hasta quedar sólo la suya, esa mujer que de hecho se ha comprado este invierno todas las botas pensando en ese abrigo aunque aun no lo tenga, esa mujer que la noche antes de las rebajas apenas duerme y se pone el despertador a las 5:00 a.m. para ser la primera en llegar a la puerta de la tienda y esperar a que abran.
Esa mujer que probablemente se engaña a si misma diciéndose que aunque al año siguiente el leopardo no se lleve ella se pondrá el abrigo si importarle que el resto de la humanidad lleve abrigos de serraje, esa mujer que se jura así misma que el gasto vale la pena porque el abrigo esta fabricado con materiales naturales y transpirables y se lo podrá poner hasta mayo porque además cada vez en Madrid los inviernos son más cortos y el verano empieza más tarde.
Bueno, pues a nosotros este tipo de mujer no nos visita, nos visitan más las del primer tipo, las enloquecidas.